Roberto Burle Marx

Burle Marx. Jamás había escuchado ese nombre. Y vaya hombre: pintor, arquitecto, ceramista, diseñador, paisajista, cocinero, cantante, actor, explorador, ecologista, naturalista, y la lista puede seguir. De padre alemán y madre brasileña, este genio tuvo su punto de quiebre en Alemania, donde se introdujo al mundo del arte plástico y de la botánica. Tras regresar a Brasil, su fascinación por las plantas lo llevó a investigar más sobre especies nativas, y pronto, Lucio Costa, uno de los arquitectos detrás de la ciudad de Brasilia, lo contrató para diseñar los jardines de una residencia en Rio de Janeiro.

Los diseños de Burle Marx tienen ciertas características que lo diferencian del resto de paisajistas. Por ejemplo, utiliza macizos con un gran número de individuos de la misma especie, siguiendo una morfología que predomina en su arte abstracto (mosaicos de geometría libre), influenciado por Arp y Miró. En cuanto a la selección de plantas, prefiere trabajar con diferentes texturas y colores de follaje y reduce el uso de flores. En general, trata de imitar la naturaleza amazónica y promover el uso de especies autóctonas.

La primera vez que vi un jardín de Roberto Burle Marx fue en  Belo Horizonte. El primer día que pasé por esta ciudad tuve la suerte de hacer un recorrido con mi amiga Jane por la Pampulha, una laguna artificial que se construyó en la década de los 40, bajo el gobierno del alcalde y posteriormente presidente, Juscelino Kubitschek. Oscar Niemeyer estuvo detrás el diseño de diversos edificios que lo rodean, tal como el Museo de Arte (MAP), la iglesia de San Francisco de Asis y la Casa de Baile. Todos los jardines de la laguna estuvieron diseñados por el maestro Burle Marx y es impactante ver el orden y la combinación perfecta de plantas en cada uno de los rincones de este espacio público.

Unos días después de mi primer encuentro con un jardín burlemarxino, visité el Instituto de Arte Contemporáneo y Jardín Botánico de Inhotim en las afueras de Belo Horizonte. Recorrer este centro a pie requiere más de un día pues uno se entretiene tanto con el arte plástico como con la naturaleza diseñada en alrededor de 97 hectáreas. Si bien los jardines de este museo fueron influenciados en sus inicios por Burle Marx, ninguno fue proyectado por él.

Aquí les dejo algunas imágenes de él, de sus diseños y sus obras. Como dijo un buen día caminando por sus jardines: “…qué belleza y qué razón de existencia!”

¡A inspirarse!

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