Así como nosotros, las plantas también.

Los animales vivimos constantemente amenazados por factores externos. Una baja en la salud o un accidente inesperado puede dejarnos marcas eternas sobre el cuerpo o inclusive convertirnos en alimento para la tierra, siguiendo con nuestro ciclo de vida natural.

Para defendernos tenemos una gran ventaja: el movimiento. Pensamos que porque podemos correr, saltar, caminar, escondernos, estamos más a salvo. ¿Pero será solo una ilusión? ¿Nuestra vida es más segura que la de una planta que está enraizada a un único espacio?

Talvez la diferencia es que el interés de una planta se basa más en sobrevivir en grupo y no tanto como individuos. Por eso algunos dicen que si bien una planta no se mueve mucho en el espacio, las especies sí logran migrar masivamente a través de semillas y esporas a lo largo del tiempo.

Tras largos estudios científicos, los botánicos continuamente descubren las maravillosas estrategias de sobrevivencia que desarrollan las plantas. Es así como Charles Darwin puso de manifiesto que aquellas especies mejor adaptadas tienden a sobrevivir las amenazas y dominar el entorno mejor que las demás.

Las adaptaciones de las especies pueden ser de diversos tipos pero la mayoría se desarrollan en las raíces, tallos y hojas, así como a nivel molecular o químico. Las plantas suelen protegerse del ataque de otras especies tanto vegetales como animales. Asimismo, tienen que enfrentarse al clima donde se encuentran y por ello se considera que las plantas del desierto son las que han desarrollado mejores adaptaciones.

Algunas técnicas que usan las plantas son el camuflaje, el uso de químicos para evitar que otras especies las ataquen o usen su espacio (ej. alelopatía), desarrollo de látex o ceras para sanar heridas, extender sus ramas rápidamente hacia espacios de luz, expansión de los tallos para conquistar más espacio, avanzar trepando por superficies (ej. enredaderas), lanzar lianas hacia el inferior de sus copas (como las de Tarzán), crear métodos para captar y conservar el agua (el caso de las plantas epífitas que crecen sobre las ramas de los árboles o en espacios aéreos), almacenamiento de nutrientes y agua bajo tierra (bulbos y tubérculos), raíces de soporte sobre la superficie, la protección del tronco y hojas por otras especies como hormigas, la simbiosis con parásitos y hongos, plantas carnívoras, entre otras.

Es importante resaltar que en un ambiente natural, con nula o poca intervención humana, las plantas rara vez logran alcanzar su máximo potencial. Esto se debe principalmente a la competencia interespecífica. El jardín es un espacio artificial donde el control constante sobre las especies permite que éstas se desarrollen bajo las mejores condiciones. Esto si el manejo es adecuado desde su instalación. Por ello se recomienda que antes de diseñar un jardín se debe conocer cada una de las especies que van a introducirse, sus necesidades y formas de crecimiento.

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