¡México lindo, lindísimo!

Nunca había estado en la Ciudad de México, pero como todos, sabía que era gigantesca y que también había mucha contaminación atmosférica. Cuando llegué, me sentí en casa, cruzando Lince, Jesús María, Barranco y Miraflores. Al rato percibí un olor peculiar en el aire, un toque ácido que incrementaba al parar en los semáforos. Si Lima tiene días donde se cubre el cielo de gris monóxido, pues en México DF, esto es permanente. La pregunta que se me vino en mente fue: ¿Qué sería de Lima si no estuviese frente al mar y más bien se ubicase entre montañas tal como Santiago de Chile y Ciudad de México?

En mi primer día, fui directamente a conocer la casa de Frida Kahlo y Diego Rivera en Coyoacán. Supuestamente el trayecto en auto era corto pero fue allí donde entendí que “corto” en México no es lo mismo que en Lima (a pesar del aumento de tráfico en los últimos años). La ciudad se ve pequeña en un mapa pero nada más hay que ver la escala para darse cuenta de su inmensidad. Eso sí, felizmente los taxis son totalmente asequibles y siempre está la opción de tomar el metro o el pesero (micro mexicano) que son muy eficientes, aunque en menor grado a las horas punta.

La casa en sí me pareció más impresionante que las obras que hay dentro. De hecho, las mejores pinturas de ambos se encuentran dispersas por el mundo entero. Sin embargo, el museo ha tratado de conservar los muebles de la casa tal como se ubicaban cuando vivían allí y eso despierta muchas emociones. El terreno ocupa alrededor de 800m2, donde los patios y jardines conforman al menos el 60% del espacio.

Por toda la casa se observa el verde de las hojas contrastando fuertemente con el azul brillante de las paredes. Algunas especies más representativas son: ficus, ciruelos, boungainvilleas, jacarandás, cactáceas y suculentas, yuccas, helechos, diversas liliáceas y una variedad de arbustos pequeños. Da la sensación de que procuraron plantar especies típicas de la zona y el mantenimiento del jardín ha sido exitoso a pesar de los años.

Contraste con el fondo azul.

El diseño da la sensación de estar en un jardín tropical cubierto en los diferentes planos.

Al salir del museo, una caminata por las calles y el parque de Coyoacán fue imprescindible. Allí noté que realizan podas de diferentes tipos a los árboles sobre la vereda. Asimismo, en la plaza principal, el municipio ha diseñado un laberinto en miniatura donde también se evidencia la poda constante. En algunas calles, los árboles son plantados en filas y otros están encajonados con rejas bajas. Los más antiguos han desarrollado raíces que muchas veces rompen las veredas o sus troncos son tan gruesos que reducen el paso peatonal. Frente a algunas casas, se encuentran diversas especies de cactáceas (Opuntia sp. siendo una de las principales) en macetas. Otras viviendas han optado por recubrir la fachada con trepadoras. Por otro lado, el ciprés suele encontrarse cerca de centros religiosos.

¿Algo raro? Brotes recientes de árbol antiguo.

Ficus podado, sombras cuadradas.

Los árboles se apoderan de la vereda.

Los cipreses aparecen junto a toda edificación religiosa.

Laberintos pequeños en la plaza de Coyoacán.

Árboles en hileras con espacios delimitados por rejas bajas.

Cactáceas en macetas.

Fachada con trepadora frente al parque de Coyoacán.

La poda ha creado un diseño único en el árbol. Recién empieza a brotar.

El útlimo día que estuve en la ciudad, visité el Castillo de Chapultepec donde pude observar especies en el recorrido. Este castillo de los emperadores austriacos se ubica dentro del bosque de Chapultepec, uno de los pulmones de la ciudad. Dentro de este espacio verde se ha construido el zoológico, lagunas artificiales, museos, el jardín botánico (que visitaré a mi regreso), ferias, entre otros.

Dentro del bosque existen árboles añejos pero también plantas perennes introducidas recientemente. El castillo tiene jardines diseñados con estilos europeos (renacentistas) donde la poda constante es necesaria. El ficus es una especie predominante pero los cipreses y pinos también forman parte de este paisaje formal.

Bosque de Chapultepec visto desde el castillo.

Arbustos y hierbas perennes adornan la entrada del parque hacia el castillo.

Algunos árboles en el bosque tienen cientos de años. Para evitar la putrefacción, se ha sellado una rama.

Patio interior del Castillo de Chapultepec, estilo Renacentista.

Vista desde el Castillo hacia el bosque y monumento en forma de media luna a los Niños Héroes.

Algunos árboles crecen sobre suelo rocoso.

A diferencia de estos espacios, mi último recorrido fue en el centro de la ciudad, que no representa una zona verde en sí. El Zócalo (plaza mayor) ha sufrido grandes transformaciones desde el periodo azteca y en algún momento tuvo un parque. Hoy este espacio no es más que una explanada de piedra y concreto. Esto no le resta importancia pues las edificaciones que lo rodean, así como la inmensa catedral, hacen lo suyo. Comparando el centro histórico de Lima y el de México DF, es fácil notar que en este último predominan los edificios de cuatro o cinco pisos. Además, aquí usan la piedra como material de construcción mientras que en Lima, la quincha. Los espacios verdes se reducen a hileras de árboles en ciertas avenidas y calles.

Entre los edificios, ambulantes y monumentos, aparecen unos cuantos árboles.

Una de las calles que bordea el Zócalo con hileras de árboles.

Estas Opuntias se encuentran en el templo azteca, cerca del Zócalo.

Respondiendo a la pregunta que formulo al comienzo, creo que Lima estaría aún más contaminada que la ciudad de México (que tiene más del doble de población). La razón es que si bien Lima está mejorando sus áreas verdes, no contamos con un verdadero pulmón en la ciudad. Es decir, no tenemos un bosque de árboles de gran tamaño que ayude a contrarrestar la contaminación que generamos. Nuestros parques contienen especies de árboles pequeños, arbustos y sobretodo muchas plantas decorativas que si bien embellecen el espacio, no son tan útiles como los árboles grandes para limpiar el aire. Si bien tenemos el Campo de Marte, el Olivar de San Isidro, el Parque de Las Leyendas y algunos parques recientes en los conos, no son suficientes. La falta de agua nos limita pero no es una excusa para dejar de diseñar y crear verdaderos pulmones en la ciudad.

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